Tierras de Esperanza

            Las grandes tribus de Läo

            ¿QUIERES HACERTE UN PERSONAJE DE AQUÍ?
            ¡Puedes! Consulta con @HEX en el foro en caso que tengas dudas a la hora de hacerte la ficha ;)

            ¡OJO AL DATO!
            Esta es una de las capitales de la raza "Dragones estacionales" a la que se hace referencia en varios puntos. Si no la conoces te recomendamos encarecidamente que vayas a su ficha haciendo clic aquí.

            LAS GRANDES TRIBUS DE LÄO



            Läo es una población, formada por varias tribus, que se encuentra al oeste del continente Väyuvya. Se considera una de las tres capitales de los dragones estacionales, junto con Wéilài y Zhōngguó, siendo la más primitiva de las tres. A pesar de haber estado aislada durante mucho tiempo, de todo contacto  con el mundo exterior, su reciente progreso se ha debido en parte gracias a los recientes contactos con Lumen, así como a su líder más reciente, Tsung’men, un Kindbell que ha apostado por dar pequeños pasos que han conseguir situar a su población en la entrada de la revolución industrial. 

            INTRODUCCIÓN

            Läo se encuentra en el continente Väyuvya. Está dividida por la montaña Tàiyáng, la cual distribuye la ciudad en dos partes en su valle este y oeste: Angstum, la zona de los cazadores, al oeste; y Wulengt, la zona más civil de las dos, al este. Pese a la división y a encontrarse prácticamente en una península, Angstum es la zona más conocida, ya que recorre prácticamente todo el resto de la península que hay dirección oeste (Tocando Zhōngguó) y mantiene a raya gran parte de las criaturas salvajes, además de darles caza. Esta es posiblemente la actividad que más los caracteriza, ya que Läo posiblemente disponga entre sus filas de las mejores brigadas de cazadores.

            La comunicación con el país no ha sido nada satisfactoria durante muchos años, ni antes de la llegada del hombre retorcido ni después. La separación se ha debido, generalmente, a dos razones: por el oeste, la comunicación con Zhōngguó es difícil por culpa del mar Ouruhamaru, picado y bravo, a menudo con tormentas que hacen que muchos barcos encasquillen en las costas de Läo con el paso del tiempo. Por el otro lado, la tormenta de arena Telukume, que coge toda la zona este y forma un medio arco que impide avanzar mucho más allá. Este aislamiento ha mantenido a Läo durante mucho tiempo medio aislada, y no ha sido hasta la llegada de otros países que no se ha podido mantener una comunicación más directa.

            Los últimos contactos han ayudado a que la ciudad tenga un leve avance en su progreso tecnológico, apoyados por el uso de dos materiales muy propicios en ese continente. Todo eso ha ayudado a que estén a las puertas de la revolución industrial. Gracias al fuego y al vapor están empezando a construir máquinas y instrumental que les permite mejorar sus cacerías, ser más efectivos, e incluso esperan poder tener aeronaves que puedan atravesar las fronteras naturales que los separan.

            HISTORIA

            LA PRIMERA HAMBRUNA Y LA FATÍDICA CACERÍA

            La historia principal de Läo comenzaría con la primera hambruna. Si bien, durante muchas generaciones, las cosechas habían ido bastante bien, a la larga las pobres condiciones, una mala cosecha de tres años, y tierras demasiado yernas provocaría que la población se viera empujada a buscar otras fuentes de víveres. Fue entonces cuando empezaron a surgir realmente los primerísimos cazadores. Ya habían surgido de formas esporádicas otras veces, pero sería la primera vez que se centrarían en el concepto de cazar al cien por cien.

            Estos primeros cazadores no gozaban de una organización tan buena como la que dispone Läo actualmente, y les quedaría muchísimo por aprender. Gran parte de la culpa se debía al pobre conocimiento que tenían de su entorno. De hecho, por culpa de esta primera generación aumentaría la ruptura de Läo con el mundo: su primer objetivo sería el dragón de los desiertos. Obtener semejante ejemplar terminaría con la hambruna durante meses, tal vez años, hasta que consiguieran arreglar sus problemas con las cosechas.

            Pero los errores los llevaron a ser condenados y aislados para siempre. Tras la exitosa caza del dragón de los desiertos aparecería la tormenta de arena. Esta tormenta, que hasta entonces aparecía de manera muy puntual, comenzaría a hacer acto de aparición de manera más abundante. A partir de unos años, ya se quedaría de forma permanente. Los cazadores, no obstante, no verían relación alguna entre el dragón de los desiertos y la tormenta de arena, así como el increíble descoloque que habían causado en el ecosistema, hasta mucho más adelante.

            EL PRIMER CONTACTO Y EL HUNDIMIENTO

            A medida que pasaron las generaciones, los cazadores comenzarían a ser cada vez más y más abundantes y su éxito acabaría por hacer que establecieran una primera organización y orden alrededor del concepto. Así sería como otorgarían todo el poder a la figura del Húan, mientras que los cazadores comenzarían siendo una única tribu por el momento. Viendo que era imposible avanzar por la zona del desierto, Läo intentaría comunicarse con otras ciudades a través del mar. 

            Läo contactaría con Zhōngguó cientos de años después. Las primeras relaciones no fueron precisamente fructíferas; tampoco hostiles, pero las creencias entre los dioses, los santos, y quién tenía la fuente de poder se convertirían en principales conflictos que complicarían la relación entre ellos. Aprenderían algunas cosas, entre ellas a construir casas y hogares más resistentes, y al menos, el comercio pesquero les sería de gran ayuda: los cazadores descubrirían que, bajo el mar, también habían criaturas marinas de las que podían alimentarse.

            Pero las condiciones climáticas empeorarían gravemente. Poco a poco, las dificultades de moverse por el mar harían que Läo tuviese dificultades para establecer contactos. Sería con el primer gran hundimiento que la ciudad se vería muy comprometida: la pérdida de víveres que debían de servir para comerciar junto a un número importante de mujeres y hombres dejaron la tribu al borde de su extinción. La situación comenzaría a complicarse gravemente.

            EL PRIMER ENCUENTRO CON LOS KINDBELL

            Incapaces de avanzar por el desierto o por el mar, Läo se vería limitada a hacerlo por los bosques. Ese sería el primer encuentro que tendrían con los Kindbell, pero tampoco sería tan satisfactoria como muchos pensarían. La raza, muy escondida y temerosa, eran básicamente herbívoros. Sus problemas a la hora de cazar habían hecho que se refugiasen en las laderas más altas de la montaña Tàiyáng así como en los bosques. No ayudaría a que los Kindbell adoraban y, en cierta forma, tenían respeto a otro dragón, el dragón marino, así como tampoco sus increíbles poderes psíquicos.

            Los cazadores verían en el dragón, en cambio, un trofeo, una forma de remediar el problema que habían tenido generaciones atrás con el barco. Pese a las advertencias de los Kindbell, los hombres darían buena cuenta de esa criatura. Ahí sería cuando descubrirían que, de repente, ya no podían ni tan siquiera huir por el mar. Los bosques se inundarían, provocando una gran muerte de Kindbell, y la población general de Läo vería reducido su terreno. Los pocos Kindbell que quedarían vivos se darían cuenta, pronto, que los cazadores habían causado también la caída del dragón del desierto, provocando así la enorme tormenta de arena.

            Molestos y confusos, cabreados por los actos de la tribu de Läo, los Kindbell rompieron toda relación con ellos y se alejarían a las partes más altas de la montaña. La población de Läo, durante los siguientes  centenares de años no evolucionaría apenas, hasta que el descubrimiento de una nueva fuente de materiales cambiaría parcialmente su suerte después de varios intentos frustrados de avanzar en su historia.


            LA LLEGADA DE LA TELECNICITA

            La calma llegaría entre la tribu Kindbell, pero no así el perdón. Cuando una nueva hambruna afectó a las cosechas y el número de cazadores había descendido peligrosamente, los Kindbell les dieron acceso a unas minas secretas que existían dentro de la montaña. La telecnicita era un mineral con una gran capacidad de alinear la magia y permitir que sus efectos fueran más precisos y directos. 

            Entre los cazadores aparecerían, entonces, los primeros chamanes y magos, que verían sus recursos y capacidades aumentadas entre los cazadores. En vista que no podían permitirse perder más hombres, Läo dividió su tribu en dos: los que podían desplazarse a pie y tenían la fuerza física serían los cazadores, mientras que los demás se considerarían civiles que podían apoyar al resto del grupo. Nacería la primera división, y con él, la figura del Húan se vería reforzada. Poco a poco, la base natal aumentó y la tribu comenzó a dividirse en varios pequeños grupos, cuyos líderes, los Táo, se comunicaban única y exclusivamente con el Huán, que los coordinaba a todos.

            Los Kindbell, sin embargo, no vieron ningún beneficio en todo aquello. Pasaron varios años hasta que el clima de la montaña empeoró. La tribu se vio obligada a descender, y finalmente, sería una familia la que probaría suerte de integrarse en la ciudad con la entrega de uno de sus niños para ser elegido por el santo. Si los Kindbell les ayudaban con la Telecnicita y el acceso a las minas, los cazadores se dedicarían a protegerlos. Así sería como empezarían a estrechar sus primeros lazos, si bien aun serían muy reticentes a colaborar entre ellos. El santo elegiriría al pequeño Kindbell, que más adelante se convertiría en el actual jefe conocido como Tsun'meng.


            EL SEGUNDO CONTACTO Y EL HOMBRE RETORCIDO

            La suerte mejoraría para los habitantes de Läo cuando llegaran los primeros habitantes de Lumen a través de ingeniosos aviones capaces de traspasar la frontera de las tormentas de arena gracias a la potencia militar del país. Este segundo encuentro no estaría exento de problemas. Los primeros intentos de establecer un contacto con Läo fueron frustrantes y los mensajeros de Lumen pronto verían que la ciudad apenas había evolucionado por la falta de recursos primarios y el no poder entrar en contacto con el exterior. Mientras otros países se encontraban en la edad media o contemporánea, Läo seguía anclada casi en la prehistoria.

            Pero nadie forzaría la evolución, permitiendo que las reuniones dieran sus frutos de forma calmada. Läo poseía la mina más grande de Telecnicita, un material bastante pobre en Ma'keli, pero con una resistencia muy superior al diamante y que ofrecí una precisión inconmensurable con la magia, ideal para construir varitas y varas para magos. Era de lo único que disponían, lo que les permitía tener armas de caza muy potentes. Sin embargo, Lumen poseía la tecnología y los conocimientos que les permitía sacar más partido a ese material. Interesaba el intercambio de información.

            Tsun'meng vería ahí la conexión que necesitaba para su pueblo y los cazadores; decidió que, si bien la presencia de gente de otros países aun podía ser muy violenta, sus conocimientos podían ser interpretados por su tribu para los cazadores. A cambio, podían facilitar el comercio de Telecnicita para conseguir un equilibrio digno. Tsun'meng establecería contacto directo con el líder de Lumen para exponer las condiciones, con la esperanza, eso sí, que con el tiempo la situación cambiase.


            LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y EL CAMBIO

            Las esperanzas y esfuerzos de ambas partes darían sus frutos a la larga. Los Kindbell verían en los conocimientos de Lumen una manera digna de entrar dentro de la ciudad sin ser mal vistos. Su poca fuerza física ya no sería un handicap, si no que sus conocimientos y su alto intelecto servirían para aumentar el éxito y precisión de los cazadores. Se establecerían varios grupos entre ellos que ayudarían a una mejor coordinación, y gracias a la información obtenida por muchos de ellos (que pasarían de cazar sin más a, simplemente, estudiar el hábitat) mejoraría la calidad de vida: la medicina y la sanidad, en general, se verían reforzados.

            Los cazadores reforzarían su reorganización. Se dividirían en varias tribus, cada una con un líder llamado (Táo) y tendrían objetivos específicos que harían que se retroalimentaran entre ellos.

            El golpe de efecto, sin duda, vendría con el primer paso hacia la era de la revolución industrial. La Magnetona, un elemento que podía provocar quemaduras en contacto con la piel pasaría a convertirse en un poderoso combustible que permitiría crear las primeras forjas, tras ser descubierta cerca de otra península. Con el estudio de la Telecnicita, se crearían más adelante las primeras forjas mágicas. La primera generación de ingenieros construiría, gracias a esos avances, y con un rotundo éxito, sus primeros vehículos aeronáuticos, que les permitiría desplazarse hasta otros países como Lumen, Zhóngguo o Hemingway, y establecer contacto con ellos. El comercio comenzaría a verse más nutrido.

            Sin embargo, el reciente impacto que ha tenido el hombre retorcido ha provocado que Läo haya tenido que adaptarse. Hasta entonces siempre han gozado de un fuerte privilegio con su enorme distancia, si bien ahora tienen un problema peor. La presencia del Gran Dragón ha impactado a muchos, que han visto poner en peligro su ciudad. No tan solo eso: la llegada de la malobsidiana está empezando a ser un problema, y aunque solo se ha visto una veta pequeña, ya es una alarma.


            GOBIERNO

            Mar Ouruhamaru

            ESTRUCTURA

            Läo está estructurada en dos grandes mitades, divididas por la montaña. En el valle oeste se encuentra el grupo cazador, mientras que en el valle este se encuentra el grupo civil. El primero se dedica exclusivamente a varias funciones que tienen que ver con la captura de animales y el buen uso de sus recursos, el estudio del hábitat natural y la obtención de víveres y formas de mejorar la calidad de vida, como pociones, potingues y otros elementos que pueden ser de gran utilidad para aumentar la esperanza de vida en general del grupo. El otro lado, el este, es el lado más civil. Se dedican a las cosechas, a la recolección de frutas y verduras, a la construcción de hogares y, en general, a tener una vida mucho más pacífica. Son varias las razas que habitan en ambos lados.

            Los chavales, si han conseguido convertirse en dragones estacionales, pueden tener la opción de convertirse en cazadores. Pero eso es un honor que no está permitido a todos. Solo los mejores, los que superen las pruebas de resistencia física pueden pasar a ser aprendices y se les introduce en la primera tribu de todas las que hay, los Shǒuduàn . A medida que progresan en su aprendizaje, pasan de la defensiva a la ofensiva y van saltando de tribu en tribu. De esta manera, los cazadores más expertos, los que se lanzan al terreno, conocen las bases y saben cuándo deben matar y cuándo no.

            Entre un lado y el otro existen cinco grandes tribus. Todas ellas usan, de una forma u otra, la Telecnicita y la Magnetona para que los elementos que fabrican sean de buena calidad y tengan efectos interesantes para todos ellos. Entre los civiles podemos encontrar cinco grandes tribus, cada una representada por un tótem, considerando el espíritu guía de cada uno:

            1. Los Píjiàng: Son los que se encargan de tratar las pieles y otros elementos físicos que pueden tener algunos animales cazados. Se fabrican prendas de ropa y otros elementos básicos de la vida con las mismas, así como colaboran con los Tiějiàng (Herreros) en la elaboración de armaduras y piezas de ropa que puedan servir para que los cazadores no se las vean sin ayuda contra los animales más fuertes. 



            2. Los Chúshī: Cocineros. Encuentran maneras de usar los ingredientes que les proporcionan los recolectores y los cazadores para conseguir productos de buena calidad que puedan ser consumidos entre todos, así como ayudan a la fabricación de elementos para pociones. En general, por eso, se encargan de la cocina y de mantener bien alimentados al resto de las tribus. En ocasiones son gente que improvisa y busca maneras de desarrollar nuevos platos que ofrezcan interesantes efectos a los cazadores.



            3. Los Tiějiàng: Los herreros. En los últimos años la creación de las forjas mágicas con las Telecnicitas les ha dado un cierto renombre e importancia, pero no serían nada sin los peleteros. Los herreros se encargan de fabricar armaduras para los cazadores, así como la construcción de casas y, en general, de la estructura de todo un hogar junto a otros para que puedan sobrevivir en las condiciones climatológicas más adversas.

            1. Los Cǎijí: Los recolectores, ganaderos y en general, los que se encargan de mantener las cosechas en los campos. Proporcionan frutas, verduras y materia prima. En ocasiones investigan cómo sacar provecho al ganado, o incluso agradecen que les traigan nuevas criaturas cuyas ventajas sean compatibles con el hecho de poder ser amansados para obtener nuevos víveres. A menudo parece que hagan poco, pero son muy importantes.


            1. Los Wàiguān: Son el grupo más reciente. Son comerciantes. Toda Läo sabe que no van a sobrevivir mucho sin comercio con el exterior, así que este grupo se encarga, en ocasiones, de establecer intercambios con gente que viene de otras partes en naves voladoras o con barcos que pueden resistir las tormentas y maremotos que existen cerca de allí. Mantienen una fuerte comunicación con todas las anteriores tribus y con los Shǒuduàn (más abajo). A cambio obtienen recursos que pueden usar en un lado u otro de la montaña según se precie.

            Entre los cazadores en sí podemos encontrar cinco grandes grupos. Los chavales que deciden hacerse de este lado de la montaña van pasando por los varios grupos, en este orden:


            1. Los Shǒuduàn: Se trata de personas importantes que se encargan de mantener un control de todo lo que han producido las tribus del otro lado de la montaña. Mantienen una cuenta de todo lo que disponen, y se encargan básicamente de solicitar aquello que necesitan. Pero también son conscientes de las necesidades de las otras tribus, por lo que comunican a sus líderes todo lo que necesita en cuanto a recursos de animales y otras cacerías para obtener las materias primas. En general, coordinan los dos grupos.

            1. Los Yánjiùyuán: Son investigadores. A menudo se encargan, en general, de estudiar cómo pueden obtener mejores recursos de las cacerías que obtienen, pero también de la recolección de elementos en la naturaleza. También se encargan de anotar todo lo que los cazadores descubren y usarlo a su favor, así como estudiar nuevas formas de encontrar partido a los elementos primarios y la creación de nuevos usos en los potingues y pociones. Últimamente su trabajo ha aumentado gracias a las Forjas y a la construcción de naves aeronáuticas.


            1. Los Yìngshè qì: Gracias a la información obtenida y refinada por los investigadores, estos se encargan de informar de los cambios efectuados por los animales y su comportamiento. Estudian el terreno, anotan las alteraciones y en general suelen ser los primeros en tener los mapas más actualizados. A menudo, antes de organizar una cacería, se recurre a ellos para saber las condiciones climáticas de según qué zonas, y asegurarse así que todo va a salir bien.

            1. Los Lièrén: Los cazadores. Su objetivo es triple: o bien capturan animales vivos, o bien les dan caza y regresan con todos los recursos que han podido obtener de ellos, o bien se limitan a salir, estudiar los comportamientos de los mismos, comprobar cómo responden a ciertos estímulos y regresar con la información obtenida. Dependen de lo efectivos que sean todos los grupos en general, pero a su vez, son los que dan la cara a la hora de enfrentarse a la naturaleza salvaje del mundo.


            1. Los Zǔzhī zhě: Son los que organizan las cacerías. Son el alto más cargo y muy pocos cazadores pasan a obtener este puesto, pero son en general gente con mucha experiencia, años a sus espaldas, y alguna que otra vez incluso salen junto con los grupos para asegurarse que la misión se cumple en condiciones. 

            EL LÍDER



            La sociedad de Läo se rige gracias a la organización de varias personas (Los Tóu) que son los líderes de cada tribu.  Todas ellas están coordinadas por su líder (Húan) en la ciudad, un Kindbell llamado Tsun'meng. Se trata de una raza camino entre un lobo y un duende cuyas habilidades psíquicas y su capacidad de crear una mente colmena entre los suyos suelen ser su punto fuerte, en contraposición a su débil constitución física. Su sociedad suele ser muy tribal, bastante cerrada y, hasta hace poco, nada comunicativa. La presencia de un líder Kindbell en la ciudad de Läo ha cambiado esas tornas y ha introducido a toda  su comunicad dentro, demostrando que su intelecto puede ser de mucha ayuda a la hora de hacer el salto evolutivo que la ciudad necesitaba.

            La elección del líder no se hace al tuntún. Cuando el actual está a punto de fallecer, se establece un periodo de dos lunas en los que la ciudad no tiene un jefe de por sí. Se presenta ante la estatua del santo Iràan del fuego infernal la presencia de varios niños pequeños que podrán ser potenciales jefes de la ciudad, y estos tendrán que rodear la estatua, en la cual se habrá colocado un potente incienso. Los niños deberán esperar a que el humo del mismo seleccione a uno. Una vez ha terminado el proceso, el niño es separado de sus padres y pasa a manos del clero, que lo entrenará durante los siguientes años para convertirlo en el siguiente líder.

            Tsun'meng es un Kindbell de ciento dos años de edad que ha trabajado durante ochenta y un años al servicio de la ciudad. En una ciudad que ha pasado por varios líderes, y cada uno de ellos de una raza distinta, la sorpresa de uno de su raza vino por la muestra de esfuerzo que tuvo su tribu de colaborar con el resto de la ciudad. Una unión que empezó con pasos lentos, pero seguros. Actualmente Tsun'meng es un hombre mayor que está dispuesto a esforzarse al máximo, hasta el fin de sus días, para lograr que su ciudad termine de entrar en plena revolución industrial y asegurarse así que abandonan sus viejas costumbres, si bien no lo tienen fácil.



            COSTUMBRES, CULTURA Y RELIGIÓN EN LÄO

            Reconociendo que Läo es una ciudad con una cultura muy anclada en el pasado, es obvio que casi todas sus costumbres están regidas por el misticismo. Pese a que su primera fuente son las cacerías, eso no quiere decir que se hayan convertido en despiadados y salvajes personas que dan muerte a todo lo que encuentran. Los Läo tienen dos creencias muy arraigadas en sus raíces y, en ocasiones, atentar contra ellas puede conllevar la muerte.

            La primera es la escritura del Santo Iràan. Según ellos, Diyù, el dios, dispone en las tierras de todos los animales y criaturas posibles, pero es Iràan el que da fuerzas a todos los cazadores y les guía para que no erren, puesto que castiga con violencia y sin temor si cometen un solo error. Según ellos, la primera vez que les castigó causó una permanencia en la tormenta de arena y la segunda vez, las tormentas marinas. Por eso creen que, antes de lanzarse a la carga, deben valorar si es que Diyù les ha tenido o no una trampa, como una prueba de tentación continua que deben resistir.

            Para asegurarse que se les da fuerzas, los cazadores, antes de lanzarse de cabeza, adoran en sus casas a Iràan y le dan ofrendas. Se dice que, en ocasiones, este santo baja a recoger algunas de ellas, las que realmente le interesan, pero que nunca desprecia el conjunto en general. Una vez han hecho, y antes de salir, se reunen en la estatua de Diyù, y entre todos juran entender las decisiones tomadas en esa ocasión y no fallarles nunca.

            Cuando terminan una cacería, vuelven a reunirse con la estatua del dios. En ocasiones, cada uno de ellos da una ofrenda distinta y la deja cerca de la misma durante una semana. A veces esas ofrendas desaparecen, pero en otras son recogidas y reutilizadas, considerando que parte de la energía del dios ha pasado a ellos.

            La otra creencia que tienen es que todos los animales tienen una conexión con la naturaleza, pero también con ellos. Creen que existe una energía, conocida como Lì, que lo conecta absolutamente todo (de una manera muy parecida a la creencia Hizmânza, por lo que se sospecha que proviene del contacto con esta raza) y que cada animal posee una parte de esa energía. Sin embargo, consideran que los mortales e inmortales más inteligentes no tienen derecho alguno a esa energía de forma natural, y que tanto la Telecnicita como las armaduras y armas que llevan, en realidad, disponen de parte de ese Lì. 

            Por eso, es muy normal que todos los cazadores cuiden mucho sus armaduras y armas. Las miman y en ocasiones es como si sintieran una conexión con ellas. Si alguna vez deben desprenderse de las mismas, se hace un ritual que consiste en prenderles fuego cerca del mar y esparcir sus cenizas junto a las lágrimas de su portador, agradeciendo todo el apoyo a mantenerlos con vida y deseando que dichas criaturas se reencarnen y tengan una mejor suerte.

            Nada de eso quita que, en la ciudad de Läo, todo se soluciona de la forma más basta posible. Atentar contra sus creencias o su modo de vida puede implicar dos cosas: o bien un destierro absoluto del terreno o, en algunas ocasiones, la muerte. Aceptan que otros no crean en sus dioses y santos (A estos los llaman, casi como un insulto, Wǒ fā chòu) siempre y cuando estos no profanen sus tumbas o sus cultos al dios Iràan y a su santo, o a cualquiera de los elementos religiosos que los rodean. Pero en según qué casos, la gente puede jugarse una pena de muerte.

            A los cazadores más ancianos se les da la oportunidad única de velar por la que consideran que es la primera fuente de los dragones estacionales.

            Actualizado: 02 Jun 2019 05:05 AM
            ¿Útil?  
            Ayúdanos a hacer este artículo mejor
            0 0